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martes, 15 de noviembre de 2011

Una temporada de lluvia


Decile al cielo que llore,
que estoy llorando.

que me tape la lluvia,
que me empape la cara,
que me lave el alma.

Decile nube, que venga,
que venga el agua.

Que me susurre el viento,
tranquilo…
tranquilo que todo al final se acaba.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Mar

Te quiero mar.
Con olas que me ahogan y gaviotas que me inspiran a volar.

A nadar tus profundidades de mujer.
A aferrarte arena entre mis manos.
A derretirme ocaso en tu orilla.
A surcarte barco.
A saberme botella misteriosa.
A amarte muelle sereno.

A sentirme sal entre tus labios
y estrellarme al fin espuma entre tus rocas.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Balada del Soldado Muerto - Bertolt Brecht

Balada del Soldado Muerto

La Paz no se vislumbraba,
la guerra seguía allí.
Y nuestro soldado quiso
heróicamente morir.

El Káiser se puso furioso,
y dijo: "¡No puede ser!
¡Morir con tanto adelanto
implica un mal proceder!".

El cuerpo se deshacía
en lo hondo de la tierra,
y el Káiser dio una orden:
"¡Qué vuelva otra vez a la guerra!".

En comisión reunidos
los de la Sanidad,
Desenterraron los huesos
medio podridos ya.

"¡Levántate!", le ordenaron,
el cielo estaba azul,
y el rostro del soldado
volvióse hacia la luz.

Y sus cuencas vacías
a lo alto dirigió,
y un saludo a la patria
el buen soldado intentó.

Le echaron aguardiente
sobre el cuerpo en pudrición,
y apoyado en dos enfermeras
nuestro soldado avanzó.

El olor que despedía
era de tanta hediondez,
que un cura quemando incienso
fue necesario poner.

Encabezaba una banda
con su estruendo musical,
y el bravo soldado decía:
"Un, dos... De frente... ¡March!".

Con blanco, rojo y negro
a la mortaja pintaron:
los colores de la patria
la mugre disimularon.

Llevando la delantera
iba un señor de frac,
detrás seguía el soldado:
"Un, dos... De frente... ¡March!".

Los perros, gatos y burros
no pueden dejar de asistir,
también para ellos es válido
lo de "vences o morir".

La gente se halla ansiosa
por ver lo inesperado,
y el bravo soldado avanza
lo mismo que un mono drogado.

Las niñas en los balcones
se asoman sin menoscabo,
esplende en el cielo la luna,
y todos gritan "¡Bravo!".

Atraviesa el soldado los pueblos,
mas nadie lo alcanza a ver:
¡Hay tantos que lo rodean
vitoreándolo a más no poder!

Le bailan, le cantan en torno,
y a él nadie ya lo ve más;
quizás las estrellas lo vean
de lo alto del cielo, ¡quizá!

Después las estrellas se apagan,
la aurora se apresta a surgir,
y el bravo soldado está pronto,
por última vez, a morir.


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Bertolt Brecht (1898-1956)

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